miércoles, 13 de septiembre de 2017

Etnocidio

Proceso belicista motivado por intereses económicos tanto de los Conquistadores como de los Criollos, para eliminar la sociedad y cultura charrúas. (no es genocidio=eliminación total).

Los conquistadores españoles cuyo objetivo fue apropiarse de las tierras descubiertas, de las riquezas de las mismas, y de esclavizar a los indios utilizándolos en tareas rudas, fortificaciones, edificaciones, etc., jamás se hubieran podido imaginar que no lograrían hacerlo fácilmente con una pequeña tribu: los charrúas y también los minuanes que pertenecían a la misma etnia pámpida.

Estas tribus se pueden considerar autóctonas de nuestro territorio, a diferencia de los guaraníes que habitaban en zonas más al norte. El primer enfrentamiento de los españoles con los charrúas data de 1573, ya que hasta entonces los charrúas incluso se habían mostrado hospitalarios y amistosos con los conquistadores. Pasó que el Adelantado Ortiz de Zárate en cierta oportunidad en que su barco soportaba una peligrosa tormenta, fue socorrido por los charrúas que incluso les alcanzaron alimentos. Se produce luego un incidente fundamental: un soldado español que había sido maltratado por los españoles pidió albergue y protección a los charrúas, quienes accedieron dándole su palabra al soldado de que no lo entregarían.

Ortiz de Zárate reclamó varias veces a los charrúas que entregaran el soldado, pero estos se mantuvieron en la palabra dada al español. Entonces se iniciaron las hostilidades bélicas hasta que tiene lugar el combate de San Gabriel, el 29 de diciembre de 1573. Los charrúas ocasionan un centenar de bajas a los españoles, quienes se refugian en la isla Martín García. Poco después llegue Juan de Garay en auxilio de Zárate pero con mejor armamento y provisto de caballos, y esta vez, vencen a los charrúas en el combate de San Salvador.

En esta batalla los charrúas asombrados de ver por primera vez caballos, luchan a muerte perdiendo varios de sus principales caciques y unos 200 indios. Hay relatos de la muerte de Abayubá, joven cacique que muere mordiendo las riendas del caballo del enemigo, mientras este lo atravesaba repetidamente con su espada. Su tío, el cacique Zapicán corre en su ayuda pero también es muerto por la espada del español.

Además del tema bélico, acá podemos rescatar algo que caracterizaba a la cultura charrúa que era la hospitalidad para con los extraños "aunque fueran enemigos" y el cumplimiento de la palabra empeñada "aunque fuera a un enemigo", ya que si hubieran entregado al soldado desertor de la Marina de Ortiz de Zárate, hubieran salvado más de 200 vidas.

En adelante fueron frecuentes los intentos de destruir a los charrúas y hubieron muchas batidas que terminaron en verdaderas matanzas, ya que aunque el indio ponía todo su coraje e inteligencia en el combate, el armamento y el número de españoles era muy superior.

De todas las batallas fatales a los charrúas señalaremos la llamada "batalla del Yí", en 1702, en que fuerzas aliadas de 2000 guaraníes junto con españoles ocasionaron unas 300 muertes y apresando cerca de 500 entre mujeres y niños que fueron conducidos a algunos pueblos de las misiones. Es de hacer notar que en esta oportunidad los charrúas estaban junto a minuanes y yaros y según los historiadores la mayoría fueron degollados sin piedad. Los jesuítas también fueron responsables de estas matanzas, ya que dieron la orden de pasar a deguello incluso a prisioneros. Dice Dardo E. Clare: "...Los tapes se lanzaron como fieras sedientas de sangre sobre los indefensos charrúas. El acto de la degollación fue realmente espantoso. Los asesinos estaban en la proporción de veinte para cada víctima, y se las disputaron, por el placer de ultimarlas, con un arrebato sin igual enlos fastos carniceros de la humanidad. En pocos minutos, ni uno solo de los maniatados guerreros existía. Doscientos Charrúas, invencibles en el campo de batalla, quedaron sin vida sobre un lago de sangre, en el campo de la traición y de la infamia..."

Estas palabras tienen su explicación dado que los charrúas habían sido engañados en el sentido de que serían respetadas sus vidas. Antes de esto, los sacerdotes habían comisionado a 2000 guaraníes que interceptaron a 200 charrúas, pero en esta batalla los charrúas triunfaron. Entonces, los sacerdotes despacharon nuevamente a un número mayor: 4000 tapes guaraníes que se unieron con las fuerzas del Gobernador español. Nuevamente los charrúas triunfaron pero luego los vencidos hicieron un pacto convenciendo a los charrúas de dejar sus armas.

Los charrúas siempre crédulos en la palabra humana, y más si partían de sacerdotes, se desarmaron y fueron nuevamente atacados y exterminados, fue una verdadera hecatombe que se denominó "batalla del Yí".

En 1875, un conocido historiógrafo argentino, Don Manuel Ricardo Trelles, reprodujo en el 2º tomo de la revista de la Biblioteca Pública de Buenos Aires, un trabajo histórico literario que versa sobre la batalla del Yí titulado "Una degollación de charrúas". (Ver "Retablo Charrúa" de Dardo E. Clare, pág. 84)

También podemos citar que en el mes de marzo de 1751 en la conocida "limpieza de los campos", siendo Gobernador de Montevideo José Joaquín de Viana, y dando la orden de "sujetar a los charrúas a la cruz y a la campana o pasarlos a cuchillos a todos los varones mayores de doce años", se mataron por lo menos 120 charrúas/minuanes y otros tanto fueron prisioneros. En todas estas campañas militares las mujeres y los niños charrúas apresados eran remitidos a las ciudades de Buenos Aires y Montevideo. Quienes los recogían tenían el cargo de darles buen trato y los tomaban como trabajadores sin sueldo.

Corresponde mencionar que todas estas mujeres y niños charrúas a quienes le llamaban "la chusma", eran separados, por lo tanto, iban a tener hijos mestizos los que continuarían originando descendientes de charrúas, lo que está abundantemente explicado en el Capítulo de esta misma página relativa a "Los descendientes de Charrúas", y el por qué del cálculo aproximado de entre 300.000 y un millón de descendientes al año 2000, (un mínimo y un máximo estimados).

En 1797 se crea el Cuerpo de Blandengues de la frontera de Montevideo, con sede en Maldonado. En este regimiento se alista Artigas, quien hace lo posible por defender a los charrúas, a pesar de que el objetivo de los blandengues era "llevar una guerra sin cuartel contra los indios infieles". Citemos un parte de J. de Viana de 1805 respecto a una matanza de charrúas que llevó a cabo: "... fueron muertos veinte de aquellos bárbaros que pelearon como tales, y con un esfuerzo digno de todo encarecimiento, pues uno de ellos enristró su lanza, templó su caballo y embistió a veinte soldados nuestros que estaban formados, cuyo atrevimiento pagó con su muerte expirando abrazado con su misma lanza..."

Continuaremos en una próxima etapa de este capítulo con otras matanzas de Charrúas y con las ideas de quienes ya mucho antes de 1831 entendieron que para exterminar a los Charrúas era necesario en primer término engañarlos llevándolos a una trampa, desarmarlos, ganarse su confianza, para que así se dieran las únicas condiciones posibles de poder consumar la exterminación de los mismos. Porque todos sabían que mano a mano y en campo abierto los Charrúas eran invencibles.

Ley Repatriación Charrúas Nº 17.256

DECLARASE DE INTERÉS GENERAL LA UBICACIÓN Y POSTERIOR
REPATRIACION AL TERRITORIO NACIONAL DE LOS RESTOS
DE LOS INDIOS CHARRUAS, FALLECIDOS EN
LA REPUBLICA DE FRANCIA

[Nota del autor: Señalamos un error grave: el Ministerio que debía realizar los trámites según esta Ley, especialmente la inhumación de Vaimaca Perú en el Panteón Nacional, era el Ministerio de Relaciones Exteriores, como lo dice el artículo 3ero de la Ley. Sin embargo, violando este artículo, el que se encargó de la inhumación y su parte final, fue el Ministro de Educación y Cultura, el Dr. Mercader, quien también permitió a los antropólogos encabezados por Mónica Sanz, que entrar subrepticiamente en el Panteón, desarmaran la tumba y robaran muchas piezas óseas que aún no se han devuelto a la fecha de hoy, septiembre de 2017]

El Senado y la Cámara de Representantes de la República Oriental del Uruguay, reunidos en Asamblea General,

DECRETAN:

Artículo 1º.- Declárase de interés general la ubicación y posterior repatriación al territorio nacional, de los restos de los indios charrúas Vaimaca Perú, Senaqué, Guyunusa y Tacuabé, fallecidos en la República de Francia.

Artículo 2º.- Dispónese que, una vez llegados al país, los restos serán inhumados en el Panteón Nacional.

Artículo 3º.- Cométese al Ministerio de Relaciones Exteriores la realización de las gestiones necesarias para el cumplimiento de lo dispuesto en la presente ley.

Sala de Sesiones de la Cámara de Senadores, en Montevideo, a 5 de setiembre de 2000.

JOSE LUIS BATLLE,
Presidente.
Mario Farachio,
Secretario.

MINISTERIO DE EDUCACION Y CULTURA
MINISTERIO DE RELACIONES EXTERIORES

Montevideo, 14 de setiembre de 2000.

Cúmplase, acúsese recibo, comuníquese, publíquese e insértese en el Registro Nacional de Leyes y Decretos.

BATLLE.
ANTONIO MERCADER.
GUILLERMO VALLES.

LA CONSTITUCIÓN DE 1830 AMPARABA LOS DERECHOS DE LOS 4 CHARRÚAS LLEVADOS A FRANCIA


Como los Charrúas partieron de Uruguay el 25 de febrero de 1833, cuando ya había sido creado el Estado de la República Oriental del Uruguay, y habiendo investigado el articulado de la Constitución de 1830, hemos constatado que varios de sus artículos los amparaban tal como actualmente nuestra Constitución lo hace respecto a los Derechos de los Ciudadanos (también los charrúas víctimas del genocidio en 1831, estaban amparados por los mismos artículos de nuestra constitución).

Lo que referiremos a continuación es inédito; nunca antes otros investigadores hurgaron en la primer Carta Magna buscando elementos que pudieran relacionarse con los indígenas, y lo hemos hecho en forma indirecta y por la vía de la deducción, ya que la Constitución de 1830 no cita explícitamente a los Charrúas. Pero sí, se refiere a ellos si se interpretan debidamente algunos artículos. Veámoslo a continuación: ANEXO 25 , págs. 784, 785,805,806,807.

El Art. 6º dice: Los ciudadanos del Estado Oriental del Uruguay son naturales ó legales.

El Art. 7º dice: Ciudadanos naturales son todos los hombres libres, nacidos en cualquier parte del territorio del Estado.

Ya sabemos que los Charrúas nacieron y fueron siempre hombres libres por naturaleza.

Ya hemos visto que Tacuabé y Guyunusa habían nacido en Paysandú, según las actas de bautismo encontradas, por lo tanto por ese solo hecho entrarían en la categoría de ciudadanos naturales.

En cuanto a Vaimaca Peru y Senaqué, quedó comprobado que estuvieron unidos luchando por la Patria junto a Artigas y a Rivera, por lo cual no cabría una duda razonable de que no estuvieran luchando por la defensa de su propio territorio, es decir de la Banda Oriental.

Aún en el hipotético caso que no hubieran nacido dentro del Uruguay, les comprendería el Art. 8º que los reconocería como ciudadanos legales por varias de las condiciones allí mencionadas.

El Art. 113º dice: Ningún ciudadano puede ser preso sino en in fraganti delito, o habiendo, semi plena prueba de él, y por orden escrita de Juez competente.

Surge entonces, que al no haber sido aplicado sobre estos Charrúas el Artículo precedente, ni estaban presos legalmente, ni habían cometido delito alguno.

El Art. 130 dice: Los habitantes del Estado tienen derecho a ser protegidos en el goce de su 300vida, honor, libertad, seguridad y propiedad. Nadie puede ser privado de estos derechos sino conforme a las leyes.

El Art. 132: Los hombres son iguales ante la Ley, sea preceptiva, penal o tuitiva, no reconociéndose otra distinción entre ellos sino la de los talentos o de las virtudes.

El Art. 136: Ninguno puede ser penado, ni confinado sin forma de proceso y sentencia legal.

De estos tres últimos artículos constitucionales, se desprende que los cuatro Charrúas enviados a Francia, por ser habitantes del Estado, eran iguales ante la Ley como cualquier otro, y tenían los derechos de protección de su vida, honor, seguridad, y propiedad, y también en caso de infligir alguna Ley, derecho a un juicio y sentencia legal.

Por tal motivo el propio Estado sería competente desde aquellos años para facilitar su regreso, o luego de su muerte solicitar la restitución a su país de origen, sus restos mortales, como los de cualquier ciudadano, por encumbrado o modesto que fuere.

lunes, 17 de julio de 2017

Vinculación de los Charrúas con el General Artigas


Probablemente quien mejor ha estudiado la afinidad entre Artigas y los Charrúas es el escritor e investigador uruguayo Carlos Maggi.

Esta buena relación se origina, según Maggi, en las acciones del legendario abuelo de Artigas, Juan Antonio, (1732- 1773), de quien dice: ... " que era él quien lograba entenderse con los infieles, yendo solo y gallardamente de toldería en toldería, para salvar a Montevideo, una y otra vez", (VER ANEXO 15, índice de "Artigas y su Hijo el Caciquillo", pág. 11).

En la misma obra se da a entender que Artigas a partir de los 14 años desaparece de su ambiente familiar y pasa a vivir relacionado con los Charrúas con quienes habríase dedicado a faenas rurales relacionadas con transportes de ganado. Por tradición oral los Charrúas ya recordaban el apellido Artigas, y por otra parte, José Gervasio, que convivió con su abuelo hasta que tenía 9 años, habría escuchado seguramente de sus labios varias veces comentarios de sus experiencias con los Charrúas en las misiones que se le habían encomendado.

De modo pues, que estos elementos son los que habrán allanado y favorecido una rápida integración entre Artigas y los indios. Desaparece de los censos de los diferentes pueblos para reaparecer 19 años después incorporándose al Regimiento de Blandengues, (VER ANEXO 16, ob. cit. Pág 69).

En otra de sus obras dice que dado que su nombre era conocido y respetado en el Lejano Norte, se integró naturalmente a la sociedad de los Charrúas, (VER ANEXO 17, "Artigas y el Lejano Norte", pág. 30). Hay una cita concreta del Cnel. Dorrego, que va persiguiendo a Artigas, y el 6 de diciembre de 1814, informó a Montevideo: "La fuerza enemiga pasa de 1300 hombres, incluso 300 indios", (VER ANEXO 18, ob. cit. Pág. 87).

También se cita repetidamente la maestría de los Charrúas para cabalgar, y la fuerza de combate que representaban los grupos de indios con lanza y a caballo.

El mismo Rivera en lucha contra los Porteños en el paraje conocido por " Azotea de González", logra una importante victoria con la invalorable ayuda de la caballería Charrúa. Escribe Artigas a Miguel Barreiro respecto a esa batalla: "Algunos enemigos pagaron su obstinación con la muerte ante la intrepidez de la caballería Charrúa ",(VER ANEXO 19, ob. cit. Pág. 89).

Nos parece muy importante ilustrar con LAS PROPIAS CARTAS DEL GRAL. ARTIGAS, en las que se aprecia la consideración especial que le merecían específicamente los Charrúas; ya es conocido su concepto de que "ellos tienen el principal derecho", lo que ha sido citado en la fundamentación del Proyecto de Ley, pero vamos a agregar algunas citas:

Tomamos de la obra " JOSE ARTIGAS CONDUCTOR RIOPLATENSE 1811- 1820" de UNAM, selecciones de Roberto Ares Pons :

..."Cuando los indios se pasan del otro lado es por vía del refugio y no de hostilización. En tal caso ellos estarán sujetos a la Ley que V.S. quiera indicarles, no con bajeza y si con un orden posible, a que ellos queden remediados, y la Provincia con esos brazos más a robustecer su industria, su labranza y su fomento. Todo consiste en la sabias disposiciones del Gobierno. Los indios, aunque salvajes, no desconocen el bien y aunque con trabajo al fin bendecirían la mano que los conduce al seno de la felicidad, mudando de religión y costumbres....V.S. adopte todos los medios que exige la prudencia y la conmiseración con los infelices y hallará en los resultados el fruto de su beneficencia", ( Carta al Cabildo Gobernador de Corrientes , del 9 de enero de 1816, pág 126, ANEXO 20).

Al señor Don José de Silva , Gobernador de Corrientes:

(...)" Igualmente encargo de usted que mire y atienda a los infelices pueblos de indios (...) yo deseo que los indios en sus pueblos se gobiernen por sí, para que cuiden de sus intereses como nosotros de los nuestros. Así experimentarán la felicidad práctica y saldrán de aquel estado de aniquilamiento a que los sujeta la desgracia. Recordemos que ellos tienen el principal derecho, y que sería una degradación vergonzosa, para nosotros, mantenerlos en aquella exclusión vergonzosa que hasta hoy han padecido, por ser indianos. Acordémonos de su pasada infelicidad, y si ésta los agobió tanto, que ha degenerado de su carácter noble y generoso, enseñémosle nosotros a ser hombres, señores de sí mismos. Para ello demos la mayor importancia a sus negocios. Si faltan a los deberes, castígueseles; si cumplen, servirá para que los demás se enmienden, tomen amor a la patria, a sus pueblos y a sus semejantes. Con tan noble objeto recomiendo a su V.S. a todos esos infelices. Si fuera posible que usted visitase a los pueblos personalmente, eso mismo les serviría de satisfacción y a usted de consuelo, al ver los pueblos de su dependencia en sosiego",(VER ANEXO 21, pág. 126 y 127).

Bien es cierto que sentimos un estremecimiento al repasar estas notas del prócer en relación con los Charrúas; el espíritu de justicia campea en ellas. No debemos olvidar entonces, por una razón de coherencia con lo anterior, que Vaimaca Peru fue un soldado Charrúa de su confianza, y podremos deducir sin dificultad cuál sería la opinión de Artigas si vuelto del más allá considerara que los restos de su leal servidor están al día de hoy, aún expuestos en una vitrina en un museo extranjero.





Es de gran importancia el símbolo del escudo de Artigas o de la Provincia Oriental autónoma de 1816 porque en forma algo encubierta figuran elementos propiamente charrúas. El principal de ellos, es que en vez de un sol, el escudo está coronado por "plumas de indios"; a la derecha observamos una lanza charrúa; a la izquierda sobre la bandera de Artigas, podemos ver la mitad de un arco, y algo más abajo un carcaj con dos flechas. Estos elementos, que habían permanecido sin la debida difusión, confirman la integración de los charrúas con Artigas y con la libertad de la Provincia. No olvidemos que la libertad era el principal valor en la vida de los charrúas, y el emblema de este escudo dice "CON LIBERTAD NI OFENDO NI TEMO". Interpreto que desde el punto de vista indio nos está diciendo el escudo que, viviendo en Libertad, el charrúa ni ofendía (no atacaba, no combatía, etc.) y tampoco temía (es decir, podía desarrollar su vida pacíficamente como siempre, sin temor a ser despojado de lo suyo, sus tierras, sus mujeres, su propia vida). Es fundamental que se conozcan estos secretos que están insertados en la figura del escudo. Ellos, por provenir del mismo Artigas, nos dejan la absoluta convicción de la afinidad que hemos mencionado con los charrúas más que cualquier relato de dudosa procedencia.


               

lunes, 26 de junio de 2017

ORGANIZACIÓN SOCIAL 

LAS FAMILIAS CHARRÚAS

La unión sexual entre los Charrúas eran tanto en forma de matrimonios monogámicos o uniones esporádicas y poligámicas ( se trata de una poligamia especial, es decir, una mujer nunca tenía más de un marido, y cuando veían que su esposo tenía otra mujer lo abandonaban, apenas encontraban otro del que podían ser esposas únicas). Había mucha libertad para divorciarse, en ambos sexos, pero teniendo hijos, generalmente los matrimonios eran duraderos. En caso de adulterio, éste no tenía otra consecuencia máxima que algunos puñetazos que la parte ofendida aplicaba a los infractores, y esto solo si los apreciaba infragantemente. 

Esas uniones se realizaban entre integrantes del mismo grupo, pero muchas veces de tribus diferentes. Según Azara, nunca permanecían en el celibato, y se casaban cuando sentían esa necesidad. El varón pedía la hija a los padres, y si éstos lo aceptaban, la llevaba. La mujer nunca se negaba y se casaba con el primero que llegaba, aunque fuera viejo y feo. Desde que se casan forman una familia aparte y el hombre trabaja para alimentar la nueva familia. El varón al formar una familia ganaba el status de adulto y posteriormente llegaba a ser un guerrero. 

En la parcialidad de los Minuanes, había algunas diferencias, ya que los Caciques tenían el privilegio de poseer varias mujeres. Los hombres se casan cuando ya son bien maduros, y las mujeres por el contrario cuando son muy jóvenes. 

Las tareas de las mujeres eran múltiples, armaban las tolderías, desollaban las reces, cocinaban, pulían las bolas de piedras, confeccionaban los quillapís, y recolectaban algunos alimentos; tenían un papel importante en las mudanzas frecuentes de sus tolderías de un sitio a otro, llevando sus niños atados a la espalda o a pie, mientras que sus esposos se trasladaban a caballo con sus armas , prontos para cazar la presa que divisaran en el campo. 

Las madres criaban y enseñaban a sus hijos sin castigarlos; a las niñas los menesteres propios de su sexo para cuando fueran mayores y a los hijos los educaba mas bien el padre a quienes acompañaban en las cacerías y practicaban continuamente el manejo de lanzas, flechas y boleadoras. 

Entre los minuanes en cambio, era más frecuente que los hijos después del amamantamiento fueran entregados a algunos de los parientes ya casados, quienes se encargaban de su educación. Las crónicas nos dicen que hubo casos en que algunas madres que querían a sus pequeños, en situaciones de guerra, y en la necesidad de no ser descubiertos y preservar la vida de los integrantes de la tribu, ante la posibilidad de que lloraran y los descubrieran se vieron forzadas a sacrificar alguno de los niños de pecho. 

LOS CACIQUES

Aunque cada toldería tenía un Cacique, y en casos de guerra se designaba un Cacique general a esos efectos, todas las demás decisiones y medidas de seguridad eran dadas por el Consejo de Familia, fuera de esto todos los Charrúas eran iguales, ninguno superior a otro, ninguno al servicio de otro. Los jefes de familia en caso necesario, se reunían al anochecer para designar los centinelas porque nunca olvidan esta precaución; si alguien tiene alguna idea o proyecto de ataque o defensa, lo comunica a los demás , que generalmente están escuchando, sentados sobre sus talones. Y he aquí un detalle significativo: si se aprueba el proyecto, ninguno está obligado a concurrir a la ejecución del mismo, ni aún la persona que lo ha propuesto, y tampoco hay ninguna pena que se les imponga a los que faltan. 

Si tienen diferencias personales, o discuciones por algún asunto, lo arreglan en forma particular: se pelean a puñetazos hasta que uno abandona poniéndose de espaldas, y ya no se vuelve a hablar del tema, nunca en estos duelos hicieron uso de armas, y nunca trascendió que hubiera algún muerto producto de los mismos. 

Entre los Minuanes mencionemos otra diferencia: se reconocía superioridad de algunos Caciques, ya por tener mayor número de indios a su cargo, o por ser más valeroso y hábil. 

No se sabe si el nombramiento de un Cacique era por elección, un cargo heredado, un guerrero exitoso, o un sabio guerrero anciano, pero parece que la institución del cacicazgo general probablemente haya surgido cuando llegan los conquistadores y es necesario nombrar un representante para parlamentar. 

Con el tiempo el número de Caciques fué aumentando debido al estado de guerra permanente, y sus decisiones ya eran más escuchadas que las emanadas de los Consejos de Familia, y los Caciques además infundían ánimo , valor, y aplicaban cierta disciplina y justicia en la tribu. Es muy conocida una narración del Gral. Díaz en 1812, en que un Cacique persiguió a un indio hablándole fuertemente y dándole un macanaso en la cabeza. Al regreso el Cacique dirigiéndose al Gral. Díaz le repitió por dos veces: robó, robó, explicando de este modo que había ejecutado un acto de justicia. 

En tiempos de paz los Caciques, tanto Charrúas como Minuanes, se trataban de igual a igual con los gobernantes y con el Cabildo de Montevideo, de este modo, entre otras cosas obtuvieron reconocimiento de sus parcialidades como Nación, lo que les permitió concertar varios acuerdos en representación de todos los indios ( Nación). 

Han quedado pocos nombres de Caciques, sólo los más antiguos, tales como Zapicán, Abayubá, Tabobá, Magalona, etc, pero posteriormente tomaron la costumbre de adoptar nombres de personajes, tales como el Caciques Brown, Lecor, Rondeau, Sepé, Barbacena, etc. de quienes habían oído hablar. 

COMPORTAMIENTO DE LOS CHARRÚAS EN ÉPOCAS DE GUERRA

Al principio, los Charrrúas se mostraron hospitalarios y amigos con los primeros expedicionarios europeos. Hay una carta de Diego García que se refiere a que un grupo que se llaman los "carrioses" (Charrúas), que hacen "muy buena obra a los Cristianos..., que allí nos dieron muchas vituallas que se llaman millo e harina de mandioca, e muchas calabazas, e muchos patos,etc., porque eran buenos indios, e aquí llegó Sebastián Gaboto, muerto de hambre en este tiempo que yo estaba allí, e los indios le dieron de comer...". 

Posteriormente, cuando los españoles Gaboto, y Ortíz de Zárate intentan establecerse con fortines en nuestro territorio, ya los Charrúas van cambiando su talento amistoso porque se dan cuenta de que se quieren apropiar de sus tierras. Efectivamente era así, porque el Rey de España les daba los conquistadores la propiedad de las tierras que descubriesen, sin tener en cuenta que ya tenían dueño. 

En 1573, en San Gabriel, las fuerzas de Ortíz de Zärate, que venían a apresar a un soldado desertor, el cual había pedido protección a los Charrúas, se enfrenta con los mismos perdiendo cien soldados en la batalla. Es de hacer notar que los Charrúas le habían dado su palabra al soldado Español de que lo protegerían, y justamente por cumplir su palabra , los Charrúas es que se ven obligados a ese enfrentamiento sangriento que se llamó "Combate de San Gabriel". Al año siguiente llega Juan de Garay con más soldados y con caballos, y con esa ventaja de armamento y de equinos triunfan sobre los Charrúas , matando 200 de los principales Caciques, Zapicán y su sobrino Abayubá (de quien se dice que murió atravesado por espadas mientras mordía la rienda de un caballo, tratando de voltearlo) y a Tabobá, Añagualpo, Yandioca, Magalona, y otros. Véase que insólito el motivo de estas pérdidas de los Charrúas: cumplir con la palabra dada a un soldado del enemigo. 

Con el paso del tiempo, y cuando pudieron contar con el caballo, se perfeccionaron en el arte de guerra. Increpaban a sus contrarios con alaridos, adoptaron la lanza con punta mecánica (chuza), y siguieron utilizando la boleadora, la honda, el rompecabeza, las piedras y el arco y las flechas como armas. El Padre Catáneo escribió: "Es increíble la destreza con que manejan sus caballos, de modo que aunque los españoles sean grandes jinetes, superiores a cualquier otra Nación de Europa, es rarísimo el caso que puedan alcanzar en la carrera, ni acometer con la lanza a un indio". 

Dice Azara: "Cuando han resuelto hacer una expedición militar, ocultan a sus familias en los bosques, y envían a la descubierta cuando menos seis leguas por delante exploradores bien montados. Estos avanzan con las mayores precauciones, tendidos todo a lo largo sobre los caballos,como cada tanto se detienen para dejarlos pacer no usan brida, y solo le amarran a la mandíbula inferior una pequeña correa a la cual unen otras dos que le sirven de riendas. Hay que añadir a esto la ventaja de ver antes de ser vistos, en estas inmensas llanuras, porque su vista es muy superior a la nuestra. A la puesta del sol, traaban sus caballos y se aproximan a pie, encorvándose en las hierbas, hasta haber reconocido bien la situación del campo enemigo o de la casa que quieren atacar. Aún cuando no tengan intención de atacar, sus exploradores siguen siempre a los españoles que atraviesan el país, de modo que aunque no se ve un solo indio, el Comandante debe suponer que le siguen todos sus pasos y que será atacado si no toma las precauciones necesarias. 

Los indios exploradores despues de tomar los datos necesarios, parten a todo galope para avisar a los suyos; pero si han sido vistos huyen en laa dirección contraria a la de su tropa, y no hay que pensar siquiera en alcanzarlos, porque sus caballos son mucho más ligeros que los nuestros. 

En cambio, si no es así, reciben las noticias de los exploradores, se distribuyen en puntos escogidos para el ataque, y marchan lentamente. Tan pronto como están cerca, profieren grandes gritos, se daan sobre la boca golpes redoblados, se precipitan sobre el enemigo como un rayo, y matan a todo el que encuentran, no conservando más que las mujeres y los niños menores de 12 años. Estos prisioneros los llevan consigo y los dejan en libertad entre ellos. La mayoría se casan y se acostumbran a su género de vida, siendo raro que quieran dejarlo para volver con sus compatriotas. 

Estas expediciones las hacen siempre antes del amanecer, pero atacan también en pleno día si notan que el jefe enemigo, tiene miedo o que hay desorden en la tropa. Además saben amagar falsos ataques, hacen fugas simuladas y preparan emboscadas; siendo cosa segura que ninguno de los que salen huyendo se les escapa. Felizmente, se contentan con una sola victoria, como el Jaguareté, y no se les ocurre aprovecharse de sus ventajas; sin esto acaso los Españoles no hubieran podido extender su población por las llanuras de Montevideo". 

Veamos otra versión según el Gral. Díaz: " En sus días belicosos, cuando sabían que el enemigo estaba próximo, el Cacique los formaba a caballo, en ala, y los proclamaba con una larga arenga en que exponía las injurias o agravios recibidos, y les recordaba las glorias de sus mayores, sus propias azañas y hechos de armas. Cada vez que en la arenga los incitaba impelía a la venganza, el Cacique movía la lanza, blandiéndola con fuerza y en toda la línea se alzaba entonces una gritería prometiendo todos luchar con valor. Mientras durara esta proclama las mujeres se ponían en fila, detrás de los hombres, como a veinte varas, estaban cantando no se qué; pero supongo que sería un himno para animar a los combatientes"; (esto sucedía entre 1812 y 1814). 

Centenera, en su crónica, hace referencia a "trompas", "bocinas", y "atambores", que utilizaban como instrumento musical guerrero. Silva en 1825, observó que utilizaban el cuerno o guampa para dar señales: "La señal que el enemigo se acerca, o de alarma, es una llamada con una guampa y ponerse a dar vueltas en hilera uno detrás de otro, mientras que las mujeres se ponen a gritar de un modo tan lúgubre que hacen estremecer". 

Los flecheros eran guerreros especializados que desde muy jóvenes practicaban tanto a caballo como a pie, siendo los primeros que bajaban a enfrentar al enemigo, su número se redujo sensiblemente, y los dos últimos fueron avistados en 1833. Como nse ha visto, los Charrúas brindaban un trato clemente a los enemigos que hacían prisioneros, mataban en lucha sus adversarios, pero rescataban a las mujeres y niños que permanecían en la toldería de quien los recogía. 

Para finalizar este tema, recordemos que Artigas, que convivió unos quince años con los Charrúas, proclamó en la Batalla de las Piedras: "Clemencia para los vencidos". 

ECONOMÍA Y ALIMENTACIÓN DE LOS CHARRÚAS

Los charrúas traían de los Pámpidos su habilidad para la caza y la guerra, y aunque tuvieron enfrentamiento con los grupos que ya habitaban el territorio, no pudieron escapar del proceso de mestización, y de ese modo incorporaron alfarería, tallado y pulimentado de piedras y la navegación ( de los guaraníes). 

El sistema económico de los Charrúas, se basó en la caza, recolección de productos agrestes, que completaron con la pesca. Se veían obligados a cambiar de lugar constantemente en busca de asegurarse su alimentación, según las estaciones del año. 

Practicaban "la caza superior", "mayor" o también conocida por " caza a la distancia", tarea exclusiva de los hombres, para la cual utilizaban el arco y la flecha, venablos, boleadoras. Para ello se reunían en grupos, y cuando descubrían la presa en una ligera carrera trataban de capturarla, y a las fieras como pumas y jaguaretés, las enfrentaban en una " lucha cuerpo a cuerpo" en pleno monte o campo abierto. En grupos, usaban el lazo si el animal estaba furioso y revestía algún peligro, enlazándolo cada uno por un miembro y separándose luego. En esa posición, inmovilizado, se acercaba un indio y sin mayor riesgo lo mataba con una lanza mediana. 

Cazaban guazú- birá , más conocido por venado (propio del Río de la Plata), guazú- pecú, guazú-ti, gatos monteses, liebres, pecarís, carpinchos, tatúes, mulitas, nutrias, aperiás, tortugas y lobos marinos, y hasta lagartos. También ñandúes, perdices, martinetas, etc, sin olvidar mariscos y crustáceos de agua dulce. Las mujeres y los niños recolectaban huevos de aves, frutas silvestres: pitangas, macachines, guayabas, burucuyá y raíces tiernas. Los cocos y los palmitos también eran de su preferencia. Es curioso hacer notar que los brotes de ceibo eran muy apetecidos por ellos y eran tan nutritivos que los Charrúas no necesitaban de otro alimento cuando eran perseguidos, y no podían detenerse para cazar. 

Refiere Benito Silva, que convivió con ellos, que tenían la costumbre de mascar una mezcla de hueso y tabaco, que escondían detrás de su labio superior. Creían que de este modo se les conservaría la dentadura y aumentarían sus calorías en el invierno. 

Entre los hidratos de carbono que componían su dieta, incluían el "cazabe", que era una especie de torta hecha con harina de mandioca ( "yuca" en Haití), que era preparado por las mujeres y llevaban en sus bolsos de piel de jaguar. 

Las mujeres asaban la carne y los pescados que clavaban en el "palo asador", inclinado sobre las brasas y en el extremo superior libre. A los pescados también los desecaban sin sal abriéndolos al medio y oreándolos al sol. 

Con la llegada de los conquistadores y la ganadería, esta vida natural sufrió modificaciones, porque si bien mejoró su alimentación con las proteínas vacunas (y caballares), se hicieron aficionados al alcohol y al vicio de fumar. 

Las bebidas las ponían en vasos de barro negro, que dejaban secar al sol hasta que se endurecían, también en recipientes de este tipo cocinaban la carne de ñandú, lo asaban, o lo dejaban secar al sol como charque. 

También se hicieron muy adictos al mate proveniente de la yerba que venía del Paraguay, que también se generalizó al gaucho, a los criollos en general, y hasta los habitantes del Uruguay al día de hoy. Sin embargo los Charrúas, en un principio bebían una mezcla de agua con yerba, la que mantenían en su boca masticándola y tragando solo el líquido con la escencia de la yerba. Posteriormente, se fué perfeccionando el modo de beberlo con el uso del mate y la bombilla. 

Finalmente, hacia el año 1857, y según versión del coronel Modesto Polanco, uno de los últimos grupos de Charrúas que vivían en Tacuarembó, indicaba que estos se alimentaban tan solo de carne de vaca, mientras que las madres adiestraban a los pequeños en la caza de perdices y mulitas. 

Es importante señalar que los alimentos conseguidos se distribuían entre los integrantes de cada grupo, incluidos los extranjeros y prisioneros, lo que da la pauta del grado de conciencia social a que habían llegado. 

Un elemento importante fue el dominio del caballo y la ayuda de los perros domesticados, lo que les sirvió además para ser más eficientes en la guerra y en su lucha por la defensa de sus territorios.
LOS CHARRÚAS Y SUS COSTUMBRES

Poco se conoce de las costumbres de los Charrúas antes del 1500 y como de costumbre tenemos que recurrir a crónicas de la época, muchas de ellas escritas según el interés de quien hacía el relato. Por eso se encuentran aspectos contradictorios sobre ellos, por ejemplo hay quienes dicen que eran amistosos, otros feroces, honestos o ladrones, sucios o aseados, etc. Lo que es evidente es que los Charrúas al no tener escritura no pudieron hablar de sí mismos, y quienes lo hicieron, en general, tenían o el interés de quedarse con sus tierras, sus mujeres y sus alimentos, o usarlos como fuerza combatiente según el caso, o por el lado religioso, cumplir con el mandato de convertirlos a la fe católica. Si los Charrúas no aceptaban estas imposiciones, entonces los juicios de valor sobre ellos serían desfavorables. 

No olvidemos que en 1513 se redactó en España el llamado Requerimiento que debía leérsele a todos los indios a medida que el imperio español se expandía; en este Requerimiento se les indicaba que ellos debían acatar las prédicas de la fe Cristiana, y reconocer a la Iglesia por señora y superiora del universo, y al sumo Pontífice y en su nombre al Rey o a la Reina Doña Juana como señores y superiores de estas tierras. Si no acatasen estos mandatos, decían los españoles: ...." certificamos que con la ayuda de Dios nosotros entraremos poderosamente contra vosotros y os haremos guerra por todas las partes y maneras que pudiéramos, y os sujetaremos al yugo y obediencia de la Iglesia y de sus Altezas y tomaremos vuestras personas y las de vuestras mujeres e hijos y los haremos esclavos y como a tales venderemos y dispondremos de ellos como Sus Altezas mandaren, y os tomaremos vuestros bienes y os haremos todos los daños y males que pudiéremos, como a vasallos que no obedecen ni quieren recibir a su Señor y le resisten y contradicen; y protestamos que las muertes y daños que de ello se recrecieren sea vuestra culpa, y no de Sus Altezas, ni nuestra, ni de estos caballeros que con nosotros vienen; "... 

(Esto nos parece increíble en nuestros días, pero así se justificó la usurpación , crueldad y crímenes empleadas contra los pobladores indios de América). 

También hay un antecedente y es que hasta 1531 se consideraba a los indios "animales con forma humana", y por lo tanto el anterior Requerimiento además de no respetar derecho alguno tenía una contradicción enorme: era leída a los indios a sabiendas de que no lo entenderían ya que recién en 1531 el Papa Paulo III declara a los indios hombres verdaderos, con alma y posibilidades de comprender el credo cristiano. 

De todos modos es gracioso consignar que algunos indios que entendieron lo que los españoles querían, manifestaron que el Papa debía estar borracho y que el Rey que pedía debía ser algún loco al pedir lo que sabía que no era de él. 

También es conocido entre los Charrúas que cuando los predicadores les decían que Dios conocía todo lo que hacían y pensaban los hombres, los indios les respondieron: "no nos gusta ese Dios que sabe todo lo que hacemos, mejor nos vamos a los montes para vivir tranquilos sin que nadie sepa lo que pensamos y hacemos", y sonreían irónicamente. 

Dice el padre Cattaneo "que algunos misioneros intentaron hablarle de religión a los charrúas y éstos respondieron fríamente que ellos ya tenían padres y no podían abandonarles. 

En otra oportunidad un Charrúa ante la amenaza de que si no se convertía iría al fuego eterno después de su muerte, dicen que contestó que quizás fuera mejor, así estaría más cerca del calor y no del frío de la tierra que cubriría su cadáver. 

Estas apreciaciones de los charrúas nos están indicando por un lado su lógica contundente ante las insinuaciones teñidas de irracionalidad de los sacerdotes, y por otro lado el sentido del humor y de la ironía expresada con cierta fineza, sin caer en la irrespetuosidad. 

Eran observadas las automutilaciones dactilares o digitales tanto en hombres como en mujeres, por duelo de parientes directos. Esta costumbre fué modificándose con el tiempo, en la medida que se requería cada vez más el correcto uso de las armas para defensa de sus pueblos, haciéndose vigente estas mutilaciones solo para las mujeres. Los hombres se atravesaban con varas afiladas los muslos o los brazos, clavándolas lo más cerca del hueso, pero las hijas o hermanas del fallecido solían efectuarlo cuatro y hasta seis de esas varas quedando enteramente postradas. 

En 1842 una china, criada del estanciero Manuel Arias relataba que: " Las mujeres se cortan los dedos cuando se muere el marido. De modo que son tantos los dedos cortados cuantos son los maridos que ha perdido. El luto de los parientes es atravesarse el cutis y ponerse plumas de avestruz en todo el cuerpo. Al día siguiente se van a gritar a una cuchilla y arrancarse las plumas de avestruz". 

Es dable apreciar que los Charrúas tenían un sentido de su realidad que no era fácil cambiar por un sistema de fe que no podían entender, y que poseían la inteligencia y el sentido del humor suficiente como para dar ese tipo de contestaciones. 

CARACTERÍSTICAS DE LA VIVIENDA CHARRÚA 

Antes de la colonización los Charrúas ubicaban su vivienda cerca de ríos y arroyos y en lugares que les asegurara una abundante alimentación natural. 

En general la vivienda consistía en una estructura simple de 4 palos clavados en la tierra sobre los cuales colocaban travesaños horizontales. A los costados ataban esteras de juncos o totoras para protegerse del viento, y en épocas de frío y lluvia agregaban otras para formar un techo más bien plano. 

Eran fáciles de armar y trasladar, dado que no tenían "paradero fijo", como dice uno de los descendientes que conozco y que ha vivido como Charrúa, y recuerda la tradición de sus abuelos lejanos. Cuando escaseaba la alimentación se mudaban a otro lugar más adecuado, por eso que la vivienda estaba de acuerdo a su tipo de vida trashumante. 

Ya a partir del siglo XVIII, y con el aporte del ganado vacuno y caballar aparecieron las llamadas tolderías, en que se remplazaba las esteras por cueros, pero siempre mantuvieron alguna parte de su vivienda compuesta por juncos. 

Con ramas arqueadas y cubiertas con cueros de buen tamaño, construían techos de toldos como bóvedas, alargados o redondeados. Ver láminas.


D’Orbigny en 1829, que observó a Charrúas incorporados al ejército, dijo: ... "sus hábitos se parecen mucho a los indios Pampas, continuamente ambulantes; como éstos, son vagabundos y solo construyen tiendas de cuero en los parajes donde se detienen". 

Según José Figueira los toldos se semejaban a los de los Patagones, y las dimensiones eran de 180cm de largo, 60 a 90cm de ancho, y otro tanto de altura. En los mismos dormían las familias, niños y adultos y hasta perros y evidentemente tendrían que estar en contacto físico durante el sueño. En el suelo de las tolderías también colocaban cueros, tanto de caballo, vaca, jaguar o ciervo, y solo lo utilizaban para dormir, no haciendo fuego nunca en su interior. Las tolderías las levantaban a cierta distancia unas de otras para facilitar la obtención de alimentos y pasturas para sus caballadas, y muchas veces las ubicaban sobre lomas o cerros, principalmente cuando era necesario mantenerse vigilantes ante posibles ataques. 

Dormían siempre sobre la espalda, como casi todos los indios y en la toldería no habían bancos ni mesas, y prácticamente ningún mueble. 

El grupo de Charrúas que vivían con el cacique Sepé, en 1857, cerca de Tacuarembó, había establecido una toldería al estilo primitivo de los Charrúas: con sus ranchitos de rama arqueada como toldos de carreta, la correspondiente zanjita alrededor, hecha a cuchillo para que corriera el agua, y su lecho de hojas o pajas que renovaban cuando estaban húmedos. 

UTENSILIOS 

Los utensilios que usaban eran pocos y sencillos: armas para la cacería, y armas de guerra y pequeñas piezas de cerámica propias de los pueblos que son cazadores y recolectores nómadas. 

En la época prehispánica tenían cuchillos de piedra, arcos y flechas, azagayas (lanzas pequeñas o dardos arrojadizos), rompecabezas ( que eran piedras con puntas talladas que sobresalían algo más de dos centímetros de su forma esférica, y que iban atadas a una rama o tira de cuero de unos 40cm de largo para su manejo). Los arcos de los Charrúas eran simples, que fueron disminuyendo de tamaño con el paso del tiempo. 

En el museo del indio de Tacuarembó y en el Museum of the American Indian de Nuva York, se exhiben arcos considerados Charrúas, el primero mide 1,75mt, 3.5 cm de diámetro en su centro y pesa 1.5 kg; el segundo 1.55mt, 2.5 cm de diámetro, y pesa 616 gr. Estos son de los primeros arcos ya que pertenecen al tipo de arcos largos. Las flechas eran cortas, de unos 60 cm hechas de palo de sándalo negro o rojo. Las puntas de piedra ( trabajadas por mujeres o niños a veces, en rocas duras como el sílex, cuarzo, ágata, o calcedonia),eran incrustadas en incisiones que hacían en un extremo a la madera o cañas tacuaras y las sujetaban con fibras vegetales; en el otro extremo de la flecha colocaban plumas de lechuza (ñacurutú), cuervo o águila. 

La honda fue utilizada en la caza y como arma agresiva en la lucha, manejándola con gran destreza, arrojando piedras que podían matar un pájaro en vuelo y derribar animales corpulentos. Esta arma fue utilizada hasta 1830 aproximadamente, según la versión del sargento mayor Benito Silva que convivió con ellos: " perseguidos unos 60 Charrúas por 300 brasileros en las costas del Mataojo, empezaron a dispararles piedras con las hondas, y fueron estas tan bien dirigidas que los brasileros fueron corridos y dejaron toda la caballería a los Charrúas a los cuales se la habían tomado. Por eso todo Charrúa lleva generalmente 6 o 7 hondas colgando en el pecho. Están hechas con hilos con que fabrican los quillapis (ponchitos) . Por un extremo termina en un nudo que sirve para asegurarla en la mano, y por el otro remata en un asa de tres ramales, en donde se pone la piedra". La honda fue un a arma de poco bulto, liviana y certera. 

Otra de sus armas arrojadizas eral las boleadoras, empleada en la caza y en la guerra en sus dos tipos: de dos o tres bolas. 

Hechas de piedras duras y de grano fino, para obtener un buen pulido, sus diámetros y sus formas variadas, de 4 a 8 cm, ovoides, redondas, elipsoides, apuntadas, acilindradas, con forma de peras. Les tallaban un surco circundante o doble ranura para ceñirles un tiento retorcido de un metro o un metro y medio. 

En la de dos bolas, las piedras eran similares, pero cuando eran de tres, una de ellas era más chica, las unían radicalmente, las dos grandes con ramales de igual longitud y la chica con un ramal más largo, servía de manija. 

La bola perdida, también conocida como " bola pampa o Charrúa" tenía afinidad con la boleadora, consistía en una bola sujeta a un solo ramal. Algunos cronistas han considerado a la bola perdida como un arma de mucha precisión y que llegaban a arrojarla a 100 mts, pero cayó en desuso al ser sustituida por la honda. 

Azara ha dejado una espléndida descripción de las boleadoras y de su manejo: " Las hay de dos clases: la primera compuesta de tres piedras redondas, gruesas como un puño, recubiertas de piel de vaca o caballo y amarradas a un centro común con cuerdas de cuero del grueso de un dedo y tres pies de largo. Cogen con la mano la más pequeña de las tres, y después de haber hecho dar vueltas con violencia a las otras por encima de la cabeza, las lanzan hasta la distancia de 50 pasos, y se enredan de tal modo alrededor de las piernas, el cuello o el cuerpo de un animal u hombre que es imposible escaparse. 

La otra clase de bola se reduce a una sola piedra y la llaman bola perdida. Es del mismo grueso que las otras, y unida a una correa que cogen por el extremo para hacer dar vueltas a la bola como una honda, y cuando la suelta da un golpe terrible a cien pasos o más lejos porque la lanzan cuando el caballo corre a rienda suelta. Si el objeto está cerca, dan el golpe sin soltar la bola." 

" Al tiempo de la conquista ( escribe el P. Lozano), que no sabían manejar el caballo, eran tan sueltos y ligeros en la carrera, que daban el alcance a los ligeros gamos; ni le hacían ventaja los avestruces, para cuya caza usaban las bolas de piedra, no sólo para enredarlos y detenerlos, arrojándoselas atadas en una cuerda a los pies, sino para herirlos en la cabeza, en que eran tan certeros, que poniéndose a competente distancia no erraban tiro; y la misma destreza tenían en la flecha, haciendo certísima puntería a 100 pasos de distancia. Hoy son menos ágiles en la carrera, pero muy diestro en el manejo de los caballos, que abundan en su país". 

Poseían una incipiente alfarería, que con barro amasado y secado al sol, hacían sus recipientes tanto para cocinar o para beber (vasos). Los Charrúas utilizaban en la fabricación de sus vasijas, tierras negras y arcillosas de las barrancas, y el limo finísimo de los ríos, a éstos mezclaban en proporcion calculada arena cuarzosa, para que la mezcla adquiriera dureza. Aún se encuentran esporádicamente restos de las mismas. Con el contacto con el blanco se introdujeron nuevos elementos deshechándose la alfarería primitiva. 

INDUMENTARIA 

Cuando llegan los colonizadores se les encontraban desnudos en el verano, en los tiempos fríos se vestían con una especie de poncho que armaban con pieles de animales silvestres o salvajes, principalmente de venados, prenda que fué llamada Quillapì o Kiyapí, voz que en guaraní significa cuero de nutria. López de Sousa dice haberlos visto desnudos pero adornados con penachos y pintados con variados colores. A los Chaná-beguáes cubiertos de pieles y algunos con adornos nasales de cobre. Un soldado alemán, Ulrico Schimdl dijo que cuando llega Pedro de Mendoza, los hombres estaban desnudos, y las mujeres cubiertas desde el ombligo hasta las rodillas, con un trapo que él supuso que era de algodón. Otro observador (hacia el 1658), que se llamaba Acarette du Biscay, dice que vestían un Quillapí desde el cuello hasta los talones, y se calzaban con un pedazo de cuero bajo los pies, atados con tiras a los tobillos. Las mujeres con la cintura cubierta (como se dijo) y también la cabeza con juncos de variados colores, semejantes a un sombrerito. 

Por último, volviendo a los Charrúas que habitaban cerca de Tacuarembó en 1857, ( en la estancia de Nadal Paz, ó Paz Nadal), ya usaban ropa de bayeta u otra tela ordinaria, como un pollerín, que llegaba hasta la mitad del muslo a los hombres y hasta la rodilla a las mujeres. Se contentaban con ese abrigo, y si les ofrecían más, lo rechazaban. 

El atuendo de los Minuanes, ( primos hermanos de los Charrúas),en 1764, según Pernetty, también era formado por un quillapí que colocaban sobre el hombro derecho o sobre el izquierdo, con el pelo hacia afuera o hacia adentro, según el estado del tiempo. La parte del cuero pelado tenía pintado cuadrados, rombos, o triángulos, de colores rojo o azul. 

En 1787, se les vió a los Minuanes con una camisa, unos calzones de estopa, y un poncho que les había sido regalado a un Cacique, y su mujer, también vestía un poncho de lienzo de los que se tejían en las Misiones Jesuíticas, una camisa ancha, y calzones de lienzo grueso, el pelo suelto y caido por la cara y una gargantilla al cuello. 

Otros indios traían un cuero de venado sobre sus espaldas, un taparrabo de lienzo y un poncho de algodón, también confeccionado en las Misiones. 

En general no hubo grandes diferencias entre la vestimenta de los Charrúas o los Minuanes. 

En cuanto a los adornos, López de Sousa menciona (en 1531), que algunos de los Chaná-beguaes se horadaban las narices y se introducían en esos orificios " pedazos de cobre muy brillantes". El Gral Antonio Díaz no vió ningún Charrúa con "barbote" ( a diferencia de otros grupos étnicos Charrúas que si lo tenían), que se lo colocaban debajo del labio inferior, cerca de la mitad del mentón; tampoco se ha encontrado ninguna prueba documental de que este adorno lo usaran los Charrúas que habitaban la Banda Oriental. 

Hombres y mujeres Charrúas usaban generalmente un vincha blanca (Benito Silva, 1825). Las mujeres completaban el atuendo con collares de cuentas o de valvas de moluscos de agua dulce y con zarcillos hechos con pedazos de plata o con cuentas unidas por un hilo. También llevaban plumas de ñandú en la cabeza. 

Según Acevedo Díaz: ..."la vincha y las plumas las usaban atadas con un tiento, con el que se ataban el cabello, siendo las plumas de garzas o de avestruz". 

Cuando las mujeres llegaban a la pubertad y tenían la primer menstruaciación se les pintaba en la frente tres rayas azules que caían verticalmente desde el nacimiento del pelo hasta el nacimiento de la nariz y les trazaban otras dos que les cruzaban las mejillas, transversalmente hacia ambos lados de la nariz. Esa costumbre fué abandonada en los últimos tiempos, lo mismo que los tatuajes corporales. 

Sobre su higiene, a pesar de opiniones de Pernetty, de Azara, etc,sobre que nunca se lavaban y sus cuerpos despedian un olor desagradable, se acepta que solían bañarse y con mucha frecuencia en verano, tomándolo como un ejercicio placentero.( Es evidente que traían la costumbre de sus ancestros que vivían al lado del mar, eran pescadores y habilísimos nadadores, es muy probable entonces que sintieran la necesidad de tomar contacto con el agua frecuentemente). 

CREENCIAS 

No tenían una religión semejante al Cristianismo, centrada en un Ser supremo, creador del universo, pero aunque algunos cronistas de la época informaron que no tenían religión, sus ceremoniales fúnebres revelan que tenían creencias del más allá, aunque de éstas es muy poco lo que se ha sabido. 

Según el Gral. Díaz, creían en la existencia de un espíritu del mal, que llamaban "gualiche" (voz Araucana utilizada por los Pampas y que significa espíritu maligno, al que le atribuían todas sus desgracias y sus males, esto ha sido confirmado por J.H.Figueiras. 

Sin embargo, Modesto Polanco manifestó que los Charrúas no conocían el gualiche, significando por tal una especie de brujería por la cual sobrevenía la desgracia y la muerte de alguien de la tribu. 

Creemos en la primera versión, ya que por lógica es más probable que algo exista, si alguien lo afirma que ese algo no exista si alguien lo niega, porque es posible que lo desconozca. 

Es de hacer notar que tanto a sus muertos como a sus perros cimarrones , los enterraban en tumbas en las cimas de los cerros, en los "bichaderos", los que a veces fueron considerados erróneamente solo como lugares de vigilancia del enemigo. 

Los enterramientos eran de poca profundidad, cubriendo el cuerpo con tierra, ramas, o piedras. Muchas veces ponían las boleadoras encima clavando la lanza del fallecido a un lado de la sepultura, y del otro lado dejaban el caballo atado a una estaca, porque suponían que el difunto emprendería un viaje, aunque sin explicitar a donde. 

Había un rito funerario consistente en encerrarse en un lugar cercado por piedras (que también se le denominó "Bichadero"); allí se infligían heridas en su cuerpo y pasaban sin alimentarse hasta que aparecía en su mente algún ser viviente al cual invocaban como a un ángel de la guarda. 

Se han localizado varios bichaderos en los cerros, por ejemplo el Itapabó, El Pentágono, Bugres, De las Ánimas, Tupambay, Sopas, Tangurapá, etc.,. 

Lo cierto que sufrían bastante y lloraban mucho al muerto, siendo a veces su duelo bastante cruel. En las primeras épocas, si el muerto era un adulto, las hijas, hermanas y esposas, podían llegar a cortarse alguna de las falanges de los dedos, comenzando por el meñique, y siguiendo con otros dedos si continuaban muriendo sus familiares. A veces pasaban dos lunas encerrados en sus chozas o tolderías, donde no hacían más que llorar y tomar muy poco alimento. También a veces se clavaban el cuchillo o la lanza del difunto atravesándose los brazos,los costados del cuerpo, etc. 

En cambio los maridos no hacían duelo por la muerte de su mujer, ni el padre por la de sus hijos, pero sí por la de sus padres varones, ocasión en que se ocultan dos días completamente desnudos sin alimentarse, más que con carne o huevos de perdiz. Después por la noche le piden a otro indio que le atraviesen el brazo con un pedazo de caña, de modo que los extremos salen por los dos lados, a veces en varias partes desde el puño hasta el hombro. Con este aspecto salía el que estaba de duelo yéndose solo y desnudo a cualqueir parte sin temer a ningún animal feroz. Lleva en su mano un palo con punta de hierro , con el que hace un hoyo donde se mete hasta la altura del pecho, pasando una noche dentro del mismo. Al otro día se quita las cañas y vuelve a una especie de cabaña para esos ritos, donde por diez o doce días apenas bebe y come (agua y algunos huevos de perdices). Estos alimentos los dejan a su alcance los niños y se retiran corriendo sin decir una palabra. Al cabo, el deudo se va a reunir con los demás de la tribu. Si bien nadie está obligado a realizar estas ceremonias dolorosas, la mayoría las lleva a cabo, porque piensa que podría ser considerado como débil si no lo hiciera, en el concepto de los demás, aunque nadie le recrimina si no lo hace. 

Con relación a la parcialidad de los Minuanes, Azara informa que el duelo de los hombres es como el de los Charrúas, pero más corto, y en lugar de clavarse cañas, se atraviesan gruesas espinas de pescado en piernas, muslos, y antebrazo. 

Con el tiempo se fueron suavizando estos ceremoniales, principalmente el de cortarse las falanges, ya que les perjudicaba su carencia principalmente en tiempos de guerra. 

La medicina de los curanderos, brujos o chamanes, según Azara, consistía en tres operaciones: 1- Un remedio general era chupar con mucha fuerza el estómago del paciente para extraer el mal, a veces el curandero se colocaba espinas o gusanos bajo la lengua para hacer creer al enfermo que las extraía de su cuerpo, y así curaba su enfermedad, 2- Otro era la aplicación de ceniza caliente directamente al cuerpo del enfermo, 3- La frotación, después de engrasarle el cuerpo, con gran fuerza con un pedazo de cuero por el lado del pelo. 

ENTRETENIMIENTOS 

El Gral. Díaz, que frecuentó a los Charrúas en su campamento del arroyo Arias, dice que: "aunque de índole feroz, eran por lo común de genio alegre y estaban contínuamente riéndose". El P. Larrañaga dice que las mujeres minuanas tienen " su semblante triste al contrario de los hombres que me parecieron muy joviales". 

De sus maanifestaciones musicales y cánticos hay muy poco para decir, según Centenera, para animar el combate empleaban trompas, bocinas y tambores. Las trompas y bocinas podían haber procedido de grandes caparazones de caracol marino, y los tambores de troncos livianos y ahuecados, golpeados con bastones de madera. 

De los cánticos hay una versión, de Díaz y Silva, que dice que cuando se acercaba el enemigo hacían una llamada con una guampa y daban vueltas en hilera unos detrás de otros, mientras las mujeres se ponían a gritar ( o cantar) de un modo tan lúgubre que hacía enternecer. 

Ha quedado registrado algunas pantomimas de los Charrúas en 1784, donde imitaron un combate con los Guaycurúes, burlándose de ellos, Azara lo describió: " iban montados en pelo solo vestidos con un pequeño taparrabo, el pelo suelto, laa cara pintada de blanco, armados con lanzas o flechas cortas, cuyas plumas sobresalían formando un arco de varios colores y apaariencia verdaderamente hermosa. Su figura y talla arrogante y bella, sin comparación mejor que la de los Guaraníes (...) Aquí vi todo lo que es capaz de hacer un hombre a caballo en pelo y con un gran lanzón. Disparaban los caballos a la furia, los sentaban derepente y revolvían con agilidad indecible; en lo más violento de la carrera saltaban en tierra, y otra vez a caballo con la ligereza de un halcón, apoyándose en la lanza; a veces se echaban a un lado ocultándose de tal forma tras el cuello y cuerpo del caballo, que parecía que este corría solo". 

Por el año 1830, en Montevideo, los Charrúas intervenían en cabalgatas o caballadas con características teatrales similares. 

Sus diversiones juveniles comprendían las prácticas de cacerías, la simulación de esgrima con mazas, tiros de honda, de boleadoras, de flechas, y el manejo de lanza a pie y a caballo. Todas las prácticas citadas anteriormente los preparaban para la caza y la guerra. 

A medida que se aculturaban incorporaron los juegos de los blancos y criollos, como el juego del pato, las carreras a caballo, el tiro de boleadora (en el cual ganaban siempre, y consistía en arrojar una boleadora de dos ramales para enredarla en una estaca a unos treinta pasos), el juego de naipes, y el Pero que jugaban con una canilla de vaca. 

LA NAVEGACIÓN 

Las primeras crónicas los consideraros exelentes canoeros, aunque probablemente los confundieran con los Chaná-beguas , que vivían en el paraje del Arroyo Solís y en el Delta entrerriano. Hay distintas versiones en cuanto si los Charrúas fueron o no canoeros, pero si lo hubieran sido sería como resultado de acercamiento e intercambios posiblemente con los guaraníes, porque no hay ninguna evidencia de que hayan construido embarcaciones, ya que nuestra flora no cuenta con árboles de suficiente espesor a tales efectos. 

Por lo tanto deberíamos concluir que los Charrúas vivieron siempre como nómades, recolectores, cazadores y pescadores, y solo una de sus parcialidades, los Chanaes, fueron expertos en la navegación.
EL PRIMITIVO HOMBRE DE AMÉRICA Y LOS CHARRÚAS.

Existe mucha evidencia científica de que no es precisamente el continente americano la cuna del Homo Sapiens y tampoco de los prehomínidos en general. 

Pero cuando Colón llega a América, la encuentra poblada por seres humanos a quienes se les denominó "indios", por estar convencido de que había arribado a su destino determinado de antemano: Las Indias. 

Muchos estudiosos se refirieron entonces, al Hombre Americano, o la Raza Americana, y antiguos antropólogos formularon varias hipótesis totalmente dispares entre ellas. 

Por ejemplo, el paleontólogo Ameghino en 1880 sostuvo que el Hombre Americano era autóctono, hipótesis que resulta al día de hoy totalmente inaceptada. 

Otro antropólogo de apellido Hrdlicka, norteamericano, en 1821 sostuvo que el poblamiento de América se produjo entre 10 y 15 mil años atrás, que el origen era Mongol, y que arribaron por oleadas a través del estrecho de Berhing, desde la costa asiática. 

Pero las teorías mas aceptables son las establecen que los hombres americanos, o indios, no son autóctonos ni tampoco de una única raza. Por ejemplo el etnólogo Paul Rivet, en su obra "Los Orígenes del Hombre de América", indica que no solo vinieron desde el Asia sino además atravesando el Pacífico desde las islas de la Melanesia y Polinesia. Ha escrito: "mucho antes que las naves de los grandes descubridores europeos, las sorprendentes piraguas melanésicas y polinésicas y quizás las primitivas balsas peruanas habían surcado la ruta de este inmenso desierto marino"- (el Océano Pacífico)-. 

Otro antropólogo, como Mendes Correa, indica que la ruta que se denominaría "australoide", pasaba por Australia, Tasmania y la Antártida, y de allí pasaron a Tierra del Fuego, en América del Sur. 

En resumen, se acepta el arribo de los tres grupos, el asiático o Mongoloide – el más numeroso-, el Melano-polinesio y el Australiano, adjudicándole a las primeras inmigraciones una antigüedad de 10.000 años. 

Estas teorías están apoyadas en estudios arqueológicos con métodos modernos para adjudicar las fechas de antigüedad de los restos hallados, pero debemos citar algunos casos aislados en que aparentemente se han encontrado fechados de 38.000 años AC. en yacimientos ubicados en Texas. 

De todas maneras, podemos sacar una síntesis de las investigaciones hasta el momento no concluidas, y tener una razonable certeza de que los llamados indios americanos provienen de migraciones asiáticas, y australo- melanesio-polinesio, en su gran mayoría. 

Por lo tanto hubo gran diversidad de tipologías de indios, y no es cierto de ninguna manera a aserción de Antonio de Ulloa del indio único, manifestada en su conocida frase: " visto un indio de cualquier región se han visto todos". 

COMO SE POBLÓ EL URUGUAY, Y LA APARICIÓN DE LOS CHARRUAS

Se presume que la población de Uruguay incursionó en el territorio en forma sucesiva, al principio por el norte, asignándoles una antigüedad aproximada de 9.000 años AC. 

A los pobladores de estas zonas cercanas se les llamó Fuéguidos, Láguidos y Pámpidos, siendo estos últimos ( los Pámpidos), los ancestros de nuestros Charrúas. 

Debemos aclarar que antes de los Charrúas entraron al país otras poblaciones de las cuales quedan restos de cerámicas y aparentemente habrían sido recolectores, pescadores, e incipientes agricultores. 

Hubo mucho movimiento de pequeñas poblaciones de indios siendo interesante citar los que construyeron los conocidos "cerritos" que están en el este del Uruguay; estos indios serían sedentarios y en parte nómade, pero no eran de etnia Charrúa. 

Como dijimos la macroetnia Charrúa era racialmente Pámpida (cazadores superiores), de características físicas bien desarrolladas, altos, estéticos, y de carácter muy firme, se llamaban a sí mismos "Chonik", que en idioma Tehuelche significa "nosotros los hombres", y eran descendientes de pobladores de la primera oleada que llegó al continente de origen australoide, según Paul Rivet. La altura de los Pámpidos oscilaba entre 1.70 mt y 1.83 mt, (Chaco y Patagonia), cráneo voluminoso, pómulos y mentón poderosos y salientes, y el índice nasal leptorrino (nariz larga y delgada). Corte atlético y equilibrio de las masas musculares, poco dimorfismo sexual, color del cutis oscuro y bronceado, ojos oscuros, pelo lacio y duro. 

Los Pámpidos fueron ocupando las llanuras argentinas por los indios Pampas, Neuquen por los Puelches, el Chaco por los Guaycurúes, los Onas Tierra del Fuego y la Mesopotamia de Corrientes y Entre Ríos y la Banda Oriental, por los Charrúas. 

Los Guaraníes –que no pertenecían al tronco racial pámpido-,se diferenciaban de los Charrúas por ser más bajos, de cabeza mas redondeada, cuello grueso, brazos musculosos aunque piernas cortas y débiles, pómulos poco salientes, y otro detalle que los diferenciaba de los Charrúas era que el color de su piel era más amarillento, y se les denominó brasílidos o amazónidos, por su origen racial.

CARACTERÍSTICAS FÍSICAS DE LOS CHARRÚAS 

En los primeros relatos de los expedicionarios del siglo XVI, se menciona a los Charrúas ubicados en el sur del territorio uruguayo. Posteriormente el nombre de CHARRÚA sirvió para nombrar a la macroetnia integrada, además de los Charrúas, por los Minuanes y /o Guenoas , los Bohanes, los Yaros, Chanáes, y otras parcialidades, que probablemente descendían del tronco común Pámpido (A los Yaros algunos autores no los incluyen en la macroetnia Charrúa, y los relacionan mas bien como del tronco racial Láguidos, ya que eran más bajos, sus caras eran redondas, y el color de su piel diferente). 

En 1763, el P. Dom Antoine- Joseph Pernetty hace una descripción de los Minuanes donde se refería a los mismos como bien conformados, con cuerpo erguido. De pecho ancho y músculos bien definidos; las mujeres eran bastante más pequeñas. En las caras destacaba el tamaño de los ojos, frente alta, labios de mediano grosor y cabellos negros largos y el color de su piel era : ..."cobre rojobronceado...". 

Félix de Azara durante su permanencia en América (1781- 1801), indica que los Charrúas son una pulgada más altos que los Españoles, ..." pero los individuos más igualados y bien proporcionados, sin que entre ellos haya contrahecho o defectuoso, ni que peque de gordo ni en flaco. Son altivos, soberbios y feroces; llevan la cabeza derecha, la frente erguida, y la fisonomía despejada. Su color se acerca tanto o más al negro que al blanco, participando poco de lo rojo. Las facciones de la cara, varoniles y regulares; pero la nariz poco chata y estrecha entre los ojos. Éstos algo pequeños muy relucientes, negros, nunca de otro color, ni bien abiertos. La vista y el oído doblemente perspicaces que los de los españoles. Los dientes nunca les duelen ni se les caen naturalmente, ni aún en edad muy avanzada, y siempre son blancos y bien puestos. Las cejas negras y poco vestidas. No tienen barbas ni pelo en otra parte, sino poco en el pubis y en el sobaco. Su cabello es muy tupido, largo, lacio, grueso, negro, jamás de otro color, ni crespo, ni se les cae; sólo encanece a medias en edad muy avanzada. La mano y pie algo pequeños y más bien formados que los nuestros; el pecho de las mujeres no tan abultado como el de otras naciones de indios". 

En 1839, el naturalista D’ Orbigny , en su publicación "El Hombre Americano" manifiesta respecto a los Charrúas: " ... Las formas de los Charrúas son, como las de los Puelches, macizas en extremo; siempre muy carnosos , no están empero sujetos a la obesidad, tan común en los Guaraníes. Sus hombros son anchos, su cuerpo proporcionado, sus miembros bien fornidos, sus manos y pies pequeños; las mujeres de las mismas proporciones, tienen el cuello bien hecho, el cuerpo ancho, sin que nunca la cintura sea mucho más estrecha que el resto del cuerpo. Los Charrúas tienen la cabeza grande y el rostro ancho; los pómulos algo salientes; la nariz bastante estrecha en la base: Hundida en esa parte, gruesa en la extremidad, de fosas anchas y abiertas; las cejas salientes; fuertemente arqueadas, con poco pelo; los ojos pequeños, negros, hundidos, tal vez algo cerrados, pero horizontales; los labios gruesos; la boca grande; los dientes hermosos y que jamás se caen; la barba rala...",..." sus cabellos son largos , negros, gruesos y lacios. El conjunto de sus facciones da al rostro un aspecto serio y a menudo feroz; se descubre raramente en sus jóvenes ese aire gozoso y abierto de algunas otras naciones...". 

Dámaso Antonio Larrañaga refiere en 1813: ..."los ojos algún tanto oblicuos y no tan chicos como se ponderan; la cara más bien larga que ancha, la parte inferior del rostro estrecha y anchas las espaldas, la frente no muy chica, los dientes muy bien conservados y muy iguales; la boca y labios regulares, nariz un poco aguileña, pies y manos pequeños. En una palabra nada tienen de monstruosos ni deformes los hombres primitivos del país que ocupamos y que eran los verdaderos dueños de la campaña...". 

El sargento mayor Benito Silva, que vivió con los Charrúas, en 1841 aseguraba que: ..." son bastantes blancos, principalmente las mujeres, el sol, el polvo, la grasa de los cueros en que se acuestan y con que se cubren contribuyen a ennegrecer su cuerpo. Y su pelo es castaño oscuro y liso." 

La etnografía de los Chaná- Beguaes es escasa según Azara:..." no ceden a los Charrúas en la estatura y las proporciones. Los varones 1.70 mt y 1.65 mt las mujeres, y sus cráneos altos (hipsicéfalos) presumiblemente el resultado del repetido mestizaje de Pámpidos y Láguidos." 

Por el lado del este uruguayo, donde se encuentran casi 5.000 cerritos de indios, ( Rocha, Treinta y Tres, Cerro Largo, este de Tacuarembó y sur de Rivera) estuvieron probablemente los llamados "tapuias", pobladores prehistóricos que mestizados con los Guaraníes en esa zona, dieron origen a los Arachanes, cuyo cabello era revuelto y encrespado y que regularmente tenían guerrillas con los Charrúas (según narración de Díaz de Guzmán en 1612). 

A través de los relatos en distintas épocas hemos visto pequeñas evoluciones en la tipología física del Charrúa, lo que indicaría un mestizaje acrecentado en los últimos tres siglos de su existencia, principalmente con integrantes de las otras parcialidades indígenas que se consideraban pertenecientes a la macroetnia Charrúa. También existió mestizaje con Guaraníes y con los inmigrantes blancos. 

EL LENGUAJE DE LOS CHARRÚAS. 

Ver lista de palabras charrúas. Click aquí. 

Estudiosos de las lenguas de grupos indígenas han ofrecido diversas opiniones respecto al origen del lenguaje de los Charrúas. Pero últimamente estudiosos modernos han encontrado diferencias sustanciales con la de otros grupos indígenas de esta parte de América, y se han inclinado por considerarla como lengua aislada y de familia ignota (Rivet, 1924; Imbelloni, 1939; Blixen, 1956; José Joaquín Figueira, 1965). 

Según Azara, la de los Charrúas era nasal, gutural, y diferentes a todos los dialectos. 

Para D’Orbigny era dura y gutural, se acercaba a la de los Puelches y a la de los Mocovíes y Tobas, pero sólo en lo duro y gutural, en lo demás eran muy diferentes. 

Se han rescatado muy pocas palabras del lenguaje Charrúa, no llegan a 60, y el principal compilador ha sido el Dr. Vilardebó, en el llamado "Códice Vilardebó", que proporciona unas 60 palabras y el sistema de numeración de los Charrúas basado en los primeros cuatro números. Por ejemplo 1,2,3,4,se designaban: yu, sam,deti y bétum ; para formar el 5 ellos decían 4 y 1, o sea "bétum yu"; el 6 "bétum sam", y así hasta el 8. Al 9 se le decía baquiú y al 10: guaroj. 

Las dos principales fuentes del "Códice Vilardebó" fueron dos vocabularios recogidos; uno en 1841 del sargento mayor Benito Silva (que había convivido con Charrúas), y el otro en 1842 de una "china" Charrúa cautiva que oficiaba como sirvienta en la estancia del oficial Manuel Arias. Las palabras mas conocidas que se atribuyen a los Charrúas son por ejemplo: "inchalá", que significa hermano, "hué", que significa agua, "luai", caballo, "belerá", vaca, "quillapí", capa, "guidaí" , luna, (este nombre está siendo usado para bautizar algunas niñas según yo he sugerido a sus padres). 

Debemos hacer notar que las voces Charrúas al ser escritas al español evidentemente perdían su verdadero sonido, ya que los sonidos guturales o nasales por ejemplo, no existen en nuestro idioma. El suscrito ha podido constatar que la voz "inchalá", en su origen, no sonaba exactamente así, sino más bien como "nshalá". Esta constatación se ha hecho observando que en Tacuarembó, por ejemplo, algunos descendientes mantienen esa voz que incluso queda como apodo de algunos muchachos cuando son mayores. 

En resumen, no creo que podamos fiarnos totalmente entonces del citado "Códice" y deberemos resignarnos por ahora a aceptar que el lenguaje de los Charrúas nos es desconocido. En cuanto a sus nombres, en lenguaje Charrúa, también son muy escasos y los caciques por ejemplo, adoptaban un nombre tomado de inmigrantes o de sus apellidos, por ejemplo: Brown o Polidoro. También nombres de animales como el cacique Venado y a veces una palabra Charrúa, como el cacique Sepé ( que significaría "labio" aunque otros le atribuyen el significado de "sabio", aquí es muy probable que la escritura manuscrita se haya confundido "labio" con "sabio", confundiendo una "s " con una "l".) 

En general los Charrúas hacia fuera de su tribu se comunicaban en lengua Guaraní o en un español o portugués rudimentario. 

¿CUÁNTOS ERAN LOS CHARRÚAS?

Comenzaremos con este tema tan debatido. Sólo disponemos de varios testimonios de expedicionarios, religiosos, marinos, que en sus partes o crónicas hacían referencia al número de Charrúas con que se encontraron, esto no indica una cifra exacta de los Charrúas por dos motivos: 

1º - porque el hecho de divisar un cierto número de Charrúas en una región de la Banda Oriental no significa que esos fueran los únicos habitantes indios del Uruguay y que por una suerte de casualidad estuvieran reunidos todos juntos en el mismo instante y en el mismo lugar; 

2º- cuando se citan números de Charrúas en general se habla de " hombres de pelea" o " hombres hechos" o de hombres simplemente; lo cual significa que hay que agregar a estas cifras más del doble de las que mencionan, que sería la constituida por lo que llamaban la "chusma", que así llamaban despectivamente a los integrantes de la tribu que no eran guerreros, o sea los viejos, esposas, hermanas y los hijos pequeños de esos mismos guerreros. 

Dicho esto pasemos a recordar algunas citas históricas tales como las siguientes: 

Un marinero de la expedición de Lope de Sousa que estuvo en contacto con Charrúas ribereños les asignó una población de 600 hombres. 

Ulrico Schmidl de la expedición de Pedro de Mendoza los estimó en 2000 hombres hechos, los que huyeron con sus mujeres e hijos al desembarcar los conquistadores en la zona de Colonia, en 1536. 

Martín del Barco Centenera, capellán del adelantado Ortiz de Zárate, afirmó que 800 Charrúas combatieron contra los soldados de Juan de Garay. 

Estas citas corresponden al siglo XVI. En el siglo XVII hay citas que atestiguan la existencia de 500 Charrúas guerreros en la zona de San Gabriel. En el siglo XVIII según el jesuita José Cardiel dice haber visto pasados a Entre Ríos unos 600 Charrúas entre adultos y niños. En 1812 el General Antonio Díaz informa que los Charrúas tendrían unos 300 guerreros y otras 350 familiares entre mujeres, niños y ancianos. En 1828, y 1829 se recuerda que en el Ejército del Norte comandado por Rivera se encontraba el Cacique Vaimaca Perú al frente de 200 a 300 lanceros, no evaluando el número de familiares. 

En la celada de Salsipuedes, en 1831,fueron atacados por sorpresa entre 400 o 500, mientras los ancianos, mujeres y niños estaban lejos del escenario y quizás duplicaran ese número. 

A posteriori de este sangriento episodio del que se habrán salvado unos 100 guerreros por lo menos, y todos los familiares fueron conducidos a Montevideo a pie, siendo gran parte de ellos repartidos durante el trayecto, siendo los restantes repartidos en Montevideo por separado para integrarlos a servicios de tipo doméstico o tareas propias del campo. 

En este preciso momento de la historia podemos decir que la etnia Charrúa desaparece como tal, y comienza un intenso mestizaje con blancos, principalmente, con guaraníes y con otras minorías raciales en menor número. 

Como conclusión, no podemos evaluar exactamente el número de Charrúas al momento de llegada de los españoles, pero se ha manejado insistentemente un número global que es el de 4000 integrantes de las diferentes tribus Charrúas. Evidentemente con el transcurso de los tres siglos hasta su extinción como etnia se produjeron movimientos hacia fuera y hacia adentro de los Charrúas: 

A- muchos integrantes de la macroetnia pero que vivían separados de los Charrúas, tales como los minuanes, guenoas, boanes, chanaes, etc, que no aceptaron la aculturación buscaron refugio bajo las tolderías de los Charrúas , 

B- Desde la misma llegada de los españoles, que en su mayoría eran hombres solos es admitido que gran número de mujeres Charrúas salieron de las tribus para formar familia con los extranjeros. También es admitido que otros pequeños grupos se aculturaron o pasaron a servir al ejército regular o se afincaron en algunas reducciones. 

Es lógico entonces pensar, que en números aproximados, la población Charrúa fue disminuyendo desde quizás más de 4000 individuos puros desde el siglo XVI, hasta alrededor de 1000 en el año 1831, fecha de la disolución de la etnia.