jueves, 6 de enero de 2011

Impactante Investigación: Hubo un Genocidio

Hace 180 años, concretamente en 1831, en el Uruguay se produjo un hecho político y militar de singularísima importancia: el exterminio de la población de charrúas habitantes del Estado. Ya desde ese entonces se ocultó a la sociedad de la época lo ocurrido, lo que se ha mantenido hasta el presente. No obstante existían rumores que hacían sospechar de una violación a los derechos humanos de aquel pueblo, los que estaban protegidos por la Constitución de la República jurada por el Presidente y demás autoridades nacionales,  el 18 de julio de 1830.

Imagen de la edición 2008 de la Biblioteca Nacional

Imagen de la edición 2010

El autor ha estado alrededor de cinco años buscando documentos acerca de esos sucesos en archivos nacionales y extranjeros. Se trata fundamentalmente de cartas manuscritas y firmadas de puño y letra por los protagonistas, la mayoría de las mismas por el Presidente Rivera. Otros documentos son órdenes y partes militares, donde la responsabilidad de lo que allí se decide, le cabe también al Presidente en su calidad de Jefe Supremo de las Fuerzas Armadas. Por último se transcriben en este libro publicaciones de diarios (también de la época) que hacen referencia al tema.
Después de haber revisado unos 1500 documentos, hemos seleccionado unos 250, que estudiados y ordenados cronológicamente, permiten al lector la investigación y posteriores conclusiones de que se ha cometido el  Genocidio de la población de charrúas  habitantes del Estado.
Si bien en la época se le tildó como un delito de lesa humanidad, dicho delito se corresponde exactamente a la definición de Genocidio según la ley uruguaya Nº 18026 de fecha 25/09/2006.
Entre los documentos seleccionados para la investigación, hay algunos sorprendentes y reveladores. Por ejemplo en una de las cartas que con carácter “reservado” enviaba Rivera a su amigo íntimo el Senador Julián de Gregorio Espinosa, se descubre que el Presidente Rivera le informa:
“yo voy a marchar esta noche, todo tengo listo en muy buen estado para la operación de los charrúas. Nada he querido decir al gobierno de mis disposiciones, el buen estado en que las tengo, para tener el gusto si logro, como lo creo, de que esta difícil operación aparezca como de los abismos… no lo dudes Julián, la operación está casi hecha, y una obra que los desvelos de ocho virreyes, y por más de 40 años no lograron realizarla. Será grande, será lindísimo…”
Como se puede ver en este importante documento encontrado en el Archivo General de la Nación Argentina, manuscrito y firmado por Fructuoso Rivera, se puede deducir dos importantes conclusiones: que el gobierno no estaba enterado de que se produciría la gran matanza de los charrúas (lo cual era anticonstitucional); y  que se trataba de un hecho que Rivera conceptuaba como apoteósico,  ya que nadie había podido destruir a los charrúas, y por el que manifiesta una euforia y alegría previa indisimulable.
La investigación abarca otros aspectos, tales como la propagación de  una leyenda negra que se tejió años antes (similar a la leyenda negra de Artigas), y que es usada en casi todos los casos en que una fuerza militar o un poder político, quieren justificar la desaparición de un grupo humano. Otros elementos que se descubren, son referidos a que el propio Rivera financió con dinero propio los gastos del ejército para dicha operación, que los niños y mujeres sobrevivientes fueron repartidas por el Ministro de Guerra José Ellauri, y que los niños fueron dados a sus nuevos amos quienes les cambiaron su nombre, que fue una manera muy directa de ocultar que eran charrúas, y en lo sucesivo perder la vinculación familiar del grupo y su cultura.
Toda la documentación  aparece fotografiada en su forma original, o sea manuscritos, con las correspondientes firmas. También hemos transcripto,  por más que fuera difícil de entender la letra, todos esos mismos  documentos que se publican, para que se pueda comprobar la veracidad de los mismos. Se ha tomado en cuenta también opiniones y relatos de importantes personajes que estuvieron conviviendo con Rivera, y confirman lo que el mismo Rivera confiesa en sus cartas, cuando emite las órdenes pertinentes para el Genocidio de los charrúas.
Pienso que los méritos de la autoría de este libro son del propio Rivera, que lo escribió casi todo, y que nosotros más que nada hemos rescatado  documentos y los hemos ordenado, de tal forma que salgan a relucir las verdades que por diversos motivos se han ocultado hasta el presente. Una  cosa importante no hemos podido descubrir, porque nada quedó documentado: nos referimos a cuál fue el destino de todos los combatientes charrúas muertos en lucha o asesinados. Sobre donde se ocultaron sus cadáveres, ni una sola pista pudimos encontrar.
Evidentemente hubo una orden de silenciar al lugar, para evitar  que quedara el símbolo del Genocidio expuesto, y la posteridad pudiera concurrir a promover las honras fúnebres de aquellas víctimas.
Hemos recibido el agradecimiento de muchas personas por nuestro trabajo, y concluimos con la opinión del conocido Historiador  e Investigador Anibal Barrios Pintos:
Esta metódica, reveladora, paciente, dificultosa y rotunda recopilación de documentos, se divulga con la misma voz de los protagonistas, en facsímiles de los mismos, y con comentarios adicionales del compilador; que advierte siempre como se deforman en ocasiones los hechos según las posiciones ideológicas de las figuras intervinientes en los mismos. Será sin duda una obra de consulta ineludible sobre este tema.
Ha sido tarea de comparar la cuantiosa documentación pesquisada, estudiar y desentrañar las verdades y tramas ignoradas, con el fin de obtener conclusiones confiables sobre los hechos acaecidos.
El aporte, finalizado en su redacción a más de 177 años de los sucesos, tiene sentido de culminación. En lo sucesivo, nadie que se interese por ellos: estudiantes, historiadores, público en general, podrá opinar con solvencia sin la lectura exhaustiva de este libro, que representa una de las compilaciones más ordenadas y orgánicas que se hayan registrado en nuestro medio.
Picerno ha escrito para la posteridad, al referirse a la totalidad de los hechos.

Aníbal Barrios Pintos”

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